ARTÍCULOS
INTERVENCIONES EN MEDIOS DE COMUNICACIÓN
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Público y privado, temas de la post-modernidad
La Opinión - Santa Cruz de Tenerife.
Los programas basura cuya única tarjeta de validación es la audiencia, son la expresión última de esta especie de “carnaval de emociones verdaderas”.
Es difícil, al menos para mí, abstenerme del rechazo que me provocan programas del tipo “Gran Hermano". Este y otros por el estilo compiten por captar los niveles de audiencia más altos; sobre todo produce rechazo y desconcierto que consigan ese objetivo.
Un articulista de “El País” escribía: “Hay una fusión completa entre la realidad y su representación. Y seguramente es lo que más fascina tanto al público de masas como a la intelectualidad” (Gérard Imbert, Profesor de Universidad de la Sorbona, 16 de mayo de 2000). No obstante, más allá de los gustos y preferencias de cada cual, es ésta una cuestión acerca de la cual creo importante reflexionar.
El espacio de lo privado, en contradicción y diferencia con el espacio público, es un “invento social” relativamente reciente. Esta dimensión de nuestra vida cotidiana, tiene su origen con el advenimiento de la burguesía. Aún así, la intimidad es patrimonio de las clases acomodadas. El espacio privado se constituye en un primer momento como un privilegio de clase, el resto de la población(los campesinos y obreros) continúan viviendo en condiciones de hacinamiento.
Esta necesidad de intimidad se fue difundiendo paulatinamente a todas las clases sociales, marcándose con gran nitidez el espacio de lo público como radicalmente diferente del privado.
Los programas de televisión pueden otorgar una cierta dimensión de esa transformación. En los últimos años se produce un fenómeno particular: los reality show, la televisión -basura, concursos, etcétera.
El film "El show de Truman", (Weir, 1998) narra de forma brillante la confusión entre la ficción y la realidad.
El espectador sale de su poltrona para ser un sujeto activo del programa. Y con ello el morbo se instala como principal reclamo. Del tradicional cotilleo con los detalles y entresijos de los personajes famosos, los detalles íntimos inundan todo el espectáculo.
Personas de toda condición, particularmente las menos favorecidas por la cultura, el dinero y el poder, exhiben lo más escabroso de su privacidad; todo trapo sucio es bueno. Todo esto es sazonado por una edulcorada dosis de emoción. Lágrimas, penas, cuanto más, mejor. La conmovedora alegría de una persona que se reencuentra sorpresivamente con un pariente que vive en otro continente es auténtica. La cuestión es que ese sentimiento verdadero es trivializado, manipulado, al transformarlo en un espectáculo para obtener mayor audiencia (Programa Sorpresa-sorpresa).
Los programas “basura” cuya única tarjeta de validación es la audiencia, son la expresión última de esta especie de “carnaval de emociones verdaderas”. Se muestra a la curiosidad del televidente una supuesta intimidad. En realidad, todos sabemos que aquello es una ficción. Hortera y chabacana, pero ficción al fin; que se mezcla con las intimidades de los personajes, en un destape de “rincones turbios” de la historia personal.
Adición 2006: este artículo fue escrito hace seis años. Desde entonces la venta de la mascarada de la intimidad se ha extendido a otras esferas sociales; la diferencia radica en el precio que otorgan a sus objetos íntimos, y en la espectacularidad de los conflictos a exhibir: infidelidad, prostitución, los malos tratos son los temas predilectos.
Problemas con los hijos adolescentes
Federación Nacional de Esteticistas. Mayo de 1999.
No existen fórmulas mágicas para situar y resolver estas cuestiones, pero hay un camino siempre abierto: la reflexión serena que posibilite situar sobre todo a los adultos, en la piel de nuestro desgarbado hijo o hija rebelde.
«No soy niño ni hombre, soy una cosa con ojos que anda por ahí» (comentario de un adolescente canario en un grupo de padres).
La palabra de los padres: «ahora quiere ser independiente. Permito que haga lo que quiera». «Se pasa tardes enteras encerrado y no quiere hablar con nadie... ¡Tiene unas manías! Le ha dado por no ducharse». «No se puede hablar con ellos, no aceptan un consejo».
La reflexión adolescente que encabeza el artículo, nos da una idea de la enorme dificultad que implica esta etapa de la vida.
En ellas se sientan las bases, casi definitivamente, para la constitución de la identidad, de ahí su trascendencia.
Superficialmente se puede creer que la cuestión radica sólo en el éxito en el trabajo o en la elección de una carrera profesional. Estos constituyen aspectos del problema. Construir una identidad es una tarea mucho más ardua: establecer normas éticas, un punto de vista personal frente a si mismo y el mundo que le rodea. El joven define aquí cuales serán sus inclinaciones sexuales: hetero u homosexuales; de ahí la necesidad de la pandilla, de los ídolos.

Los padres viven el distanciamiento de los hijos, sus «caprichos», la falta de confidencias como desamor, se sienten ignorados: «no se puede hablar con ellos, no aceptan ningún consejo». Aunque quieran mostrarnos su independencia a ultranza, también el adolescente funciona como un niño desvalido. Esa es su paradoja y la de los padres. La rebelión no es por falta de amor, debemos comprender que la rebelión adolescente es una necesidad de su evolución psicológica. Si debemos leer dentro de su sensibilidad veremos que es uno de los momentos de la vida de mayor inseguridad, donde todos los caminos se abren y es muy difícil escoger. Sólo con mucho apoyo amoroso y comprensión paterna podrán salir airosos de esta crisis.
Ante este conflicto los padres pueden potenciar ese aspecto infantil, dependiente, inexperto, a veces candoroso del adolescente o potenciar su capacidad de independencia y la asunción de responsabilidades.
Chicos y chicas sumisos, irresolutos, que se alberguen siempre bajo el cobijo del amor y la protección familiar son poco conflictivos, en apariencia. Engañosamente la protección los ampara de un mundo hostil y cuajado de peligros (drogas, grupos agresivos); con esta realidad deberán enfrentarse tarde o temprano.
Adolescencia, encrucijada. Encuentro de caminos entre la infancia y la juventud. Paradojas para padres e hijos. No existen fórmulas mágicas para situar y resolver estas cuestiones, pero hay un camino siempre abierto: la reflexión serena que posibilite situar sobre todo a los adultos, en la piel de nuestro desgarbado hijo o hija rebelde.
Prólogo al libro La Santa Anorexia de Sergio Hinojosa
Febrero 2008.
En el texto los cuerpos de las santas anoréxicas emergen con todo el vigor de su sintomatología, sin otra aureola de beatitud que las que concede el verbo que exalta y explica el propio goce en clave religiosa.
Los escritos de Sergio Hinojosa se caracterizan por ser exhaustivos: en el campo psicoanalítico, en los temas filosóficos y en las cuestiones inherentes a la educación.
Un afán de reflexión en profundidad que el autor lleva a cabo sin estridencias, casi con humildad. En tiempos de pensamientos lineales, reiterativos o políticamente correctos el rigor y la riqueza de sus ideas estimulan la reflexión. Esta ha sido mi experiencia y lo será sin duda para aquellos lectores que se acerquen al texto.
Plantear la cuestión de la anorexia como “un modo de ser” implica un cambio radical en la perspectiva desde la cual podemos analizar y pensar a estos sujetos. Despatologizar la anorexia, rescatándola del afán clasificatorio que nos invade por doquier tiene sus consecuencias desde el punto de vista teórico- clínico pero fundamentalmente desde una perspectiva ética.
Por una parte, las hipótesis de Hinojosa son complementarias con los planteamientos desarrollados en algunos trabajos antropológicos (1) y psicoanalíticos (2) recientes y por otra interroga fuertemente a la psiquiatría y la psicología actuales en sus abordajes terapéuticos. Al mismo tiempo aporta un punto de vista novedoso a la perspectiva psicoanalítica desde la cual suelen enfocarse la anorexia y la bulimia.
Extasis de Santa Teresa
La concepción de la “santa anorexia” permite situar la enfermedad y su nomenclatura en el contexto social correspondiente. Éste determina el espacio al que la sujeto será asignada: poseída por la divinidad o el maligno, o en un topos pretendidamente aséptico vinculado a las nociones de salud y enfermedad.
En el texto los cuerpos de las santas anoréxicas emergen con todo el vigor de su sintomatología, sin otra aureola de beatitud que las que concede el verbo que exalta y explica el propio goce en clave religiosa. Los fantasmas que recrean contienen los enigmas que Freud desvelara en la novela familiar del neurótico.
Hinojosa los deshila, los desmadeja, en una tarea de filigrana siguiendo paso a paso la biografía, reconstruyendo prolijamente también el entorno discursivo en el que se desarrollan.
Enhorabuena a este trabajo que nos deleita por la sólida documentación de las fuentes, y por la elaboración teórica consecutiva. Nos queda ahora dar un paso más instrumentando sus aportaciones en el estudio de los casos clínicos, pero esa tarea corresponderá a todos nosotros, sus lectores.
1) Somos lo que comemos (2002) Gracia, Mabel. Editorial Ariel.
2) La anorexia como síntoma social (2003) Isoletta, Susana. Editorial Experiencia.
Anorexia - bulimia
Revista Poble Nou. Barcelona. Octubre 2007.
Sin embargo, la cuestión de la comida se puede convertir fácilmente en un campo de batalla entre madre e hija, y de la misma manera que en una lucha militar, ambas despliegan todo tipo de tácticas y estrategias para conseguir sus objetivos.
Habitualmente se atribuyen las causas de la anorexia a los efectos no deseados de una dieta de pérdida de peso. “Empezó por un régimen que encontró en una revista, de esas que suelen llamarse “dietas milagro”, luego fue quitando cada vez más alimentos hasta que finalmente se comenzó a automedicar. Se hizo una experta en nutrición, pero una experta que estaba obsesionada por la balanza. A medida que ella se obsesionaba en no engordar, yo me obsesionaba en su peso pero en un sentido opuesto, me convertí en una especie de guardián de la mesa. Se creó tal situación de tensión que mi hija optaba por encerrarse en su cuarto a llorar, cada mediodía se convertía en un drama” (relato de la madre de una paciente).
Desde nuestro punto de vista los trastornos alimentarios se producen como resultado de situaciones conflictivas tanto en la esfera social o familiar, el deseo de adelgazar en sí mismo no constituye una causa de la enfermedad.
Sin embargo, la cuestión de la comida se puede convertir fácilmente en un campo de batalla entre madre e hija, y de la misma manera que en una lucha militar, ambas despliegan todo tipo de tácticas y estrategias para conseguir sus objetivos.
La función del terapeuta es entonces crucial: desatar el nudo de conflictos y de lucha de poder que se juega en el campo de la mesa, en los detalles del plato. Potenciar la capacidad reflexiva de ambas con la participación de otros miembros de la familia: padre, hermanos, pareja pueden ayudar a las contrincantes a dirimir sus diferencias en un campo diferente. Hablar y pensar, desentrañar los sentimientos encontrados que están en juego.
Presentación del libro No comerás
Web de Editorial Icaria. Marzo 2008.
El cuerpo se convierte en una suerte de buque insignia de la identidad del sujeto, un cuerpo que se me antoja transparente, vaciado de las metáforas con las que la literatura romántica lo adornara.
En primer lugar deseo agradecer públicamente la generosidad de los profesores Jose María Commelles y Mabel Gracia Arnaiz por haberme invitado en calidad de psicoanalista, a colaborar en las investigaciones que han dado como resultado este libro.
La convergencia de las miradas de la antropología y el psicoanálisis es ya histórica desde los trabajos de Freud y en el caso que nos ocupa, la anorexia, la bulimia o los frecuentemente se denominan Trastornos de la Conducta Alimentaria, ha resultado ser muy rica y productiva.
Menciono expresamente la palabra rica para entrar en el campo que hoy nos atañe: las vicisitudes de lo oral, ya que rico también se le llama a los manjares. La gracia y desgracia del comer, con todo lo que ello implica.
En los años 60 Marcuse definió nuestra civilización como carnívora refiriéndose a la sociedad occidental industrializada que nos impele a consumir sin límites. Casi medio siglo después podemos decir que nuestro entorno social se ha perfeccionado y desarrollado en su voracidad, y una manifestación de ella se refleja en la prevalencia de la anorexia y la bulimia.
Nuestro cuerpo como una representación de la propia identidad adquiere una nueva dimensión en el registro imaginario. El cuerpo se convierte en una suerte de buque insignia de la identidad del sujeto, un cuerpo que se me antoja transparente, vaciado de las metáforas con las que la literatura romántica lo adornara.
Los ojos ya no son de rubí, ni la piel femenina representa la tersura de un pétalo de flor. El cuerpo del que habla y hace referencia el discurso actual es un instrumento de la medicina y la fisiología por una lado, y objeto también de múltiples mandatos que hacen a una alimentación medicalizada y en el imaginario social una especie de vaciado que debe reunir unas medidas y proporciones adecuadas para poder ser considerado un objeto valioso y deseable.
Este cuerpo-identidad ideal no es el que se pasea por las pasarelas, podemos decir que ese cuerpo, que no envejece y sobre todo, no trasmite ninguna emoción, es más objeto y reino de la cirugía plástica que del ser humano que lo habita. Ese cuerpo ideal parece más bien una máscara de la muerte.

Desde otra perspectiva podemos afirmar que a lo largo de la historia las enfermedades psíquicas han revelado el malestar del sujeto en su cultura.
La enfermedad es una forma de poner nombre al dolor, al sufrimiento, al desasosiego del vivir, a la queja cotidiana. Luego de las grandes guerras los combatientes sufrían neurosis traumáticas, en una sociedad voraz las mujeres no comemos, comemos mucho, vomitamos o comemos mal. Y no nos gustamos a nosotras mismas y nuestros cuerpos muestran el otro lado de la moneda, el lado monstruoso de las cicatrices de ese cuerpo ideal e imposible.
La anorexia y la bulimia pueden formar parte también de ese mandato social. Madres y padres acuden a la consulta con la lección aprendida: mi hija tiene esto, lo he leído.
Los pacientes se buscan en internet (y se encuentran) y reproducen sus síntomas. Y esta joven que antes se llamaba María ahora se dice a sí misma que es una anoréxica. Las consecuencias perjudiciales de esta identificación pueden significar representar la enfermedad, escenificando sus síntomas.
En los relatos de las pacientes que encontrarán los lectores no aparece en absoluto el cliché que los medios de comunicación y cierto discurso médico ha difundido sobre la anorexia y la bulimia. Los síntomas obsesivos, histéricos o cuadros francamente psicóticos revelan que el trastorno alimentario constituye una manifestación sintomática más del malestar pero que de ninguna forma puede ser considerado un cuadro en sí mismo.
Afortunadamente los seres humanos somos más ricos y complejos que los estereotipos de nuestro tiempo. Clichés simplificadores que, en un lenguaje sencillo y políticamente correcto, pretenden ofrecernos como modelos identificatorios, como espejos donde buscarnos.
Esto es lo que pretendemos reflejar en nuestro texto. Y eso es lo que muestran las pacientes en sus relatos, en sus crónicas de vida.
INTERVENCIONES EN MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Entrevista en Antena 3 TV - Tenerife
¿El regreso de las vírgenes?
“La Tribuna” (Rosario- Argentina), el 23 de agosto de 1990, con motivo del premio de investigación de la Generalitat de Catalunya (Secretaria de Joventut).
Herederos de Freud
Canarias 7, el 27 de abril de 1995, Jornadas “La intervención terapéutica” celebradas en Santa Cruz de Tenerife.
Grupos Balint
“El día”, el 25 de mayo de 1995, Jornadas sobre Psicoanálisis y Medicina, Santa Cruz de Tenerife.
La complicidad de las madres perpetúa el abuso sexual contra los menores
“La Gaceta de Canarias”, el 2 de mayo 1995, comentario a un informe del Diputado del Común que evidencia la indefensión de los menores en Canarias.
Juventud, alcohol y clarividencia
“La Opinión” de Tenerife, el 1 de marzo 2002. Artículo sobre el fenómeno del “botellón”.
Cada familia tiene sus propias regiones tabú
“La Gaceta de Canarias”, el 8 de mayo de 1995. Artículo sobre la terapia de niños y psicoterapia de familia.
Los especialistas deben coordinarse si quieren curar la anorexia
“La Gaceta de Canarias”, el 22 de enero de 1998. “Jornadas Anorexia” en Tenerife. Dr. Ricardo Alvarado Quesada y Psicóloga Aida Acosta Trujillo organizadores del evento.
La etiqueta de anoréxica puede crear un cliché que la persona reproduce
“La opinión” de Tenerife, el 16 de abril de 2006. Presentación del Monográfico “Alimentación, salud y cultura” en Caja Canarias.
Reflexión acerca de la anorexia
“La opinión” de Tenerife, el 17 de junio de 2008. Presentación del libro “No Comerás” en Caja Canarias.
Personajes del Carnaval
Charla Coloquio y presentación de libro (La Laguna, Canarias), el 15 de abril de 2004
Aumentan los sentimientos paranoides
Periódico “El día”. Tenerife. 2001
La población civil se ha convertido en la víctima de los nuevos conflictos bélicos
"Los efectos psicólogicos de una guerra no declarada" es el título de la conferencia que pronunciará hoy la psicóloga y psicoanalista Susana Isoletta, en la Fundación Pedro García Cabrera, en la que explicará cómo la población civil se ha convertido en la víctima de los nuevos conflictos bélicos, como se ve en el ataque y en el desplazamiento de la población afgana.
"Parto de la teoría de la autora Mary Kaldor, que ha escrito un libro sobre las nuevas guerras, en el que plantea que a partir de la guerra de Kosovo ya no son las de un Estado contra otro, sino que intervienen grupos terroristas y mafiosos, donde los frentes están menos claros y donde mueren mucha más población civil que en la I y II Guerra Mundial, en que los muertos se producían en el campo de batalla".
Considera además que "en la medida en que existe el riesgo de ataques bacteriológicos, incluso de atentar sobre la cadena alimentaria, no sólo existe un sentimiento creciente de inseguridad, sino que lo que se crea es alarma". Esta alarma, asegura, "ha aumentado en la población sentimientos depresivos y paranoides", al mismo tiempo que se observa que "las personas compran búnkers, antidepresivos y están haciendo acopio de antibióticos", lo que revela, en su opinión, que "la población no se siente protegida".
El testimonio de las enfermas con anorexia puede perjudicar socialmente
www.diariodeavisos.com, 20 de abril de 2006
La anorexia no es una enfermedad, puede ser un síntoma de muchas patologías, pero no es una enfermedad crónica
"El enfoque testimonial que se le da a la anorexia no es el adecuado. No solamente no sirve sino que además reproduce la enfermedad" . Así lo afirma la psicóloga y psicoanalista Susana Isoletta, autora de un estudio sobre la anorexia vista desde la perspectiva social, estudio que se incluye dentro del libro Alimentación, salud y cultura: enfoques antropológicos, que se presentó ayer en la sede social de CajaCanarias.
Según esta experta "ninguna enfermedad se cura por testimonios, cada persona cura su patología a su manera y estamos en una faceta exhibicionista que acaba por convertirse en un espectáculo". Como explica Isoletta "si una modelo, guapa y famosa escribe un libro diciendo "yo soy anoréxica", eso vende, porque no es lo mismo que se saque una muela. El que diga que ha padecido anorexia o bulimia le confiere cierto glamur."
"Esa imagen se convierte en un modelo de identificación para las jóvenes, no porque tenga una talla más pequeña o más grande sino porque imitan lo que tienen al rededor", afirma Isoletta, quien añade que "es la única enfermedad en la que las pacientes tienen páginas Web para contar sus síntomas, donde cuentan sus diarios y se pasan las unas a las otras lo que deben hacer".
Evitar las etiquetas
La psicóloga subraya el hecho de que la anorexia "no es una enfermedad, puede ser un síntoma de muchas patologías, pero no es una enfermedad crónica. Es importante que no se les catalogue como enfermas porque a nadie se le llama canceroso porque tenga cáncer. Esa persona que tiene cáncer, tiene esa enfermedad y aunque puede ser mortal, es un aspecto de su vida, no de su identidad".
La experta apoya sus afirmaciones en que "trastornos de tipo alimentario tenemos todos a lo largo de la vida. Cuando uno está triste puede comer más o menos o incluso vomitar. Estamos en una sociedad tan codificada que nos creemos que la comida es un objeto más y la desligamos de las emociones. La comida no es un objeto, está cargada de emociones".
Para Susana Isoletta es necesario ver en cada caso particular lo que significa ese problema con el alimento, analizar los casos individualmente porque están cargados de subjetividad y cada uno depende de su propia historia.
Según explica esta experta, "en muchos casos ser anoréxica para una joven pude ser una manera de ser en la vida, construir la enfermedad como su identidad y más en un momento como la adolescencia en el que están buscando elementos que fijen su identidad".
La anorexia no tiene un origen concreto, para Susana Isoletta "en esta sociedad no hay papel por edad, no hay ritos de paso de una etapa a otra. Los jóvenes establecen sus propios rituales y eso es lo que las chicas hacen cuando se pasan información a través de la red, es un ritual igual que el de otros chicos que se reúnen para hacer una fiesta".
La sociedad no les dice tú en este momento eres adulto, tienes estas responsabilidades y este es tu trabajo, al contrario todo está siempre como en el aire, no hay una seguridad, se exige un cambio permanente, una actualización permanente, no hay un lugar social para cada edad, queremos que los viejos salten como niños de quince años y que los niños se comporten como adultos.
El hecho de que sea una epidemia es en occidente, en los países ricos donde precisamente hay exceso de comida, en los países pobres hay casos pero no son epidémicos. Hay que estudiar cual es la relación que existe en ese sentido, en un mundo donde aparentemente podemos tenerlo todo hay una enorme insatisfacción de un sector.
Canarias
La psicóloga y psicoanalista quiere destacar el hecho de que en las islas no existan centros especializados para el ingreso de este tipo de pacientes, que tienen que estar en las plantas de psiquiatría con los enfermos mentales. Como explica Isoletta "muchas veces son pacientes que necesitan ingresos porque evidentemente hay casos donde la pérdida de peso es alarmante y muchas deben acudir a Barcelona, a la Península. Es importante la existencia de centros específicos de este tipo de pacientes, que pueden agravarse al compartir espacio con enfermos psiquiátricos".
El patrón estético no lleva directamente a la anorexia
Periódico “El día”. Tenerife, 20 abril 2006
La anorexia, como epidemia, sólo se produce en los países occidentales ricos, no en las sociedades donde las necesidades básicas no están cubiertas.
"La anorexia, un síntoma social" es el punto de vista que ofrece la psicóloga y psicoanalista Susana Isoletta en el libro "Alimentación, salud y cultura: enfoques antropológicos", del que es coautora y que presentó ayer en la sede central de CajaCanarias. En una entrevista concedida a este periódico, la investigadora concluye que la anorexia es más un síntoma que un mero trastorno alimenticio o de raíces estéticas y considera que la prevención pasa por el vínculo familiar. Además, rehúye del "rótulo", de la clasificación de una persona como "anoréxica" porque asegura que no es una enfermedad crónica. "Una niña puede tener síntomas de anorexia, pero si se le trata como una paciente crónica, lo va a ser".
-¿A qué síntoma social se refiere?
-Es un síntoma social porque se ha convertido en una epidemia y porque es una enfermedad cuyo propio discurso está construido socialmente. La anorexia es un tema que "vende". Una modelo que quiera ser famosa dice que ha sufrido anorexia. Obviamente, es una enfermedad, pero su carácter epidémico la convierte en un síntoma de nuestra sociedad en donde no es tanto a causa de la moda, sino que la anorexia está de moda.
-¡Es terrible decir eso!
-En la época romántica, la tuberculosis estaba de moda y había toda una estética de la tisis. Las mujeres se maquillaban y aparecían medio moribundas. Ahora, ¿quiénes son las anoréxicas? Princesas, modelos, ricas, famosas..., que se presentan a sí mismas como anoréxicas o bulímicas. El icono de la anoréxica le confiere un glamour adicional. Hay muchos casos diagnosticados como anorexia que no lo son.
-¿Qué son entonces?
-Son síntomas de tipo histérico. Hacer un diagnóstico apresurado, poner enseguida un rótulo, puede hacer que toda la dinámica de la familia y toda la dinámica intrasíquica de la propia paciente diga "soy anoréxica".
-La enfermedad se dio a conocer sobre todo en los años 80 y 90. Antes, era impensable.
-La anorexia, como epidemia, sólo se produce en los países occidentales ricos, no en las sociedades donde las necesidades básicas no están cubiertas. Empieza por las clases más altas y luego ha ido bajando a otras e, incluso, estamos haciendo un estudio en el que se ve que emigrantes de países pobres pueden padecer anorexia. Pero la anorexia ha existido siempre, la definía hasta Galeno. Por ejemplo, las ayunadoras santas. El alimento siempre ha sido para todas las civilizaciones un elemento subjetivo. Es objetivo en tanto en cuanto que es comida, pero siempre es objeto de intercambio, mediatiza la relación madre-hijo, es el elemento fundamental de relación.
-Se ha dicho que en la anorexia hay una mala relación de la hija con la madre, fundamentalmente.
-Las necesidades básicas de comer o dormir en los seres humanos no tienen nada que ver con la de los animales. Si estás nerviosa puedes comer o dormir mucho o poco. En nosotros todo lo afectivo está implicado en el cuerpo. Por eso no se puede hablar de trastornos alimentarios y de enseñar a comer, porque la gente sabe comer por sentido común y el cuerpo mismo te lo pide.
-¿Qué rasgos definen a la persona anoréxica?
-Estoy intentando no clasificar, y digo esto porque no hay ninguna enfermedad en que las enfermas tengan páginas web para copiarse unas a otras los síntomas, y en la anorexia eso existe. Esto nos tiene que llamar mucho la atención. Esas niñas están buscando algo a través de su enfermedad que no pueden expresarlo y, si les tapamos la boca con comida, no las vamos a dejar decirlo.
-Luego, la anorexia sólo es un síntoma.
-Quiero que quede claro que cuando la delgadez pone en peligro la vida de la paciente, hay que ingresarla. Pero hay muchos casos en que están ingresadas en pisos, para enseñarlas a comer, muchachas que han tenido cuatro atracones en su vida. ¿Y quién no los ha tenido, o vómitos? Hay que ver qué quieren decir.
-¿Se puede evitar que un chico o una chica "proteste" de esa manera y llegue a la anorexia?
-Los que trabajan en psicología sistémica han visto que hay un porcentaje similar de chicas anoréxicas que de chicos adictos. En los dos casos son cuestiones que tienen que ver con lo oral, que tiene que ver, a su vez, con la satisfacción o con la insatisfacción. Me da miedo, porque la madre se pone a observar a la chica que hace régimen, como hemos hecho todas, y comienza a preocuparse. Creo que Occidente no sabe escuchar la propia naturaleza y tenemos técnicos para todo. Parece que una madre no puede saber, por sentido común, lo que necesita su hijo si no se lo dice el técnico, como ha ocurrido con lo de dar el pecho.
-No cree que el patrón estético lleve a una niña a ser anoréxica.
-El patrón estético no te lleva directamente a la anorexia. Lo que determina la enfermedad es que, además de ese patrón, haya una dinámica familiar en donde la rebelión adolescente se muestre por ese síntoma. Por otro lado, nuestros jóvenes no tienen ritos de paso en nuestra sociedad que les permitan identificarse con un modelo adulto de una cierta estabilidad. Antes, podía ser el paso al ejército o el uso de tacones, pero ahora hay una continuidad donde, incluso, la gente madura queremos ser jóvenes eternos. Un niño necesita ser protegido y la mejor manera de hacerlo es ponerle unos límites, aunque parece que es sinónimo de represión. Y su cuerpo también es de su responsabilidad.
-La polémica resurgió con las tallas en la Pasarela Cibeles.
- Yo no defiendo el tema de las modelos, pero ocurre también en la publicidad. Te toca en el punto en que tú estás sensible.
-Quiere decir que la anorexia es algo más que una talla 34.
-Evidentemente. Tenemos que volver a pensar en el valor simbólico que tiene la comida.
-Si un niño no quiere comer, ¿qué hacer?
-La comida puede ser un objeto de rebelión. Pero no tenemos que centrarnos en la comida, sino pensar que habrá cualquier otro problema y, que si tiene hambre, comerá.