ÁREAS DE INTERVENCIÓN

Psicoanálisis

Mujer saliendo del psicoanalista, lleva la cabeza del padre en su mano.

El psicoanálisis es una práctica clínica basada en la palabra, va en busca de las causas de los síntomas lo que permite la elaboración y superación de los mismos. Cabe la subjetividad y a la vez una ética rigurosa, no recurre a la sugestión, ni a convencer o dominar, no impone un modelo de normalidad. Es la práctica del habla y la escucha.

Es una nueva forma de comprender acontecimientos que ya eran conocidos y se reunifican en una nueva estructuración coherente y comprensible. Esta reorganización de la experiencia permite, como consecuencia, lograr nuevas formas de comportamiento frente a uno mismo y los demás. El paciente consigue vencer las resistencias que se le presentan al incluir en el campo de la conciencia, resolviéndolos, los conflictos inconscientes.

Surgen aspectos desconocidos para él hasta entonces: “nunca lo había pensado así”, o “es la primera vez que se me ocurre verlo de esta manera”, se suele escuchar en terapia. Cuando aparecen comentarios de este tipo tenemos indicadores para suponer que está en curso una resignificación de la historia personal.

Anorexia/bulimia

La complejidad de la anorexia dificulta su breve definición. No es un mero trastorno alimentario, la alimentación se altera en todas las personas ante cualquier circunstancia emocional de excepción.

La difusión de la enfermedad vía internet a través de las propias pacientes es un dato muy significativo y excepcional dado que no ocurre con otras patologías. Este hecho debe hacernos reflexionar acerca de la importancia del mecanismo de identificación entre estas jóvenes. Por ello considero a la anorexia como epidemia, como un síntoma social característico de países occidentales desarrollados. Esta patología parece otorgar un plus de glamour a quienes la padecen. A ello contribuye de forma importante el discurso social y mediático. Se supone que intentan prevenir la enfermedad pero en realidad contribuyen a su promoción.

Comer o abstenerse de hacerlo no es un simple proceso de nutrición, está ligado siempre a procesos subjetivos. Este es nuestro enfoque y desde allí encuadramos la terapia dirigida a estos pacientes.

Anorexia como síntoma social

Son las sociedades que disfrutan de los privilegios de la abundancia las que ven crecer, día a día como una amenazante epidemia la anorexia y la bulimia. Las razones más frecuentes que se invocan para justificar este síntoma social se basan en cuestiones vagamente superficiales: el milenario sueño de la juventud eterna, el modelo estético de la mujer delgada, las tallas pequeñas de prendas femeninas y la difusión casi obsesiva de las dietas de adelgazamiento.

Los medios de comunicación se han hecho eco de este problema abordándolo al estilo de los “reality show”, aportando su cuota de sensacionalismo y actuando a menudo como verdaderos propagadores del problema. Al mismo tiempo, los libros autobiográficos de pacientes ex anoréxicas y ex bulímicas proliferan en un intento de ejemplificador para superar la enfermedad; la anorexia se torna entonces en un síntoma casi prestigioso.

Los medios de comunicación se han hecho eco de este problema abordándolo al estilo de los “reality show”, aportando su cuota de sensacionalismo y actuando a menudo como verdaderos propagadores del problema.

Los múltiples estudios médicos, las dificultades en el curso del tratamiento, la frecuencia de la enfermedad, nos muestran que la anorexia se ha convertido en un desafío para la medicina y la psiquiatría, como lo fuera la histeria a finales del siglo XIX.

Los llamados “trastornos alimentarios” obedecen a causas que exceden la cuestión del “comer”: la desaparición del papel simbólico de la comida compartida, la carencia de ritos sociales consensuados que hagan posible el paso exitoso de la juventud a la adultez y el hecho, casi perverso, que ha convertido a la anorexia y la bulimia en “enfermedades de moda”.

Extraído de: L'anorèxia com a símptoma social (Susana Isoletta, 2003).

Confieso que fui anoréxica: las heroínas posmodernas

Podríamos construir un perfil de la paciente anoréxica-bulimia que se difunde en cierta tipo literatura y en los medios de comunicación:

  • Mujeres jóvenes, personajes públicos ( preferentemente del mundo de la moda), actrices, famosas...nivel social alto.
  • Han padecido anorexia y/o bulimia durante años y han superado la enfermedad.
  • Relatan los padecimientos sufridos y a veces recogen confesiones de otras ex-pacientes.
  • Publican el trabajo con el objetivo de que su sufrimiento sirva de ejemplo para que las jóvenes no sean “seducidas” por la enfermedad.
  • Dan por sentado que las causas de la anorexia y la bulimia son: la obsesión por adelgazar, el culto al cuerpo, el deseo de imitar a las tops- models, las tallas pequeñas de ropa.
  • Dan también por sentado que, sin conocimientos médicos, psicológicos ni psiquiátricos, “por sí misma” su obra puede representar un trabajo social preventivo.
¿No será que la anorexia y/o la bulimia conceden un cierto “plus” a quienes la padecen? ¿un glamour especial, como otrora poseía la heroína romántica?

Son también las jóvenes anónimas que divulgan los pormenores de su patología desde distintos medios de comunicación (particularmente la televisión). En algunos casos la presencia de los familiares y el abordaje folletinesco de la presentadora ha transformado la patología en una suerte de culebrón.

Es francamente llamativo este abordaje caricatural de una epidemia. No parecería muy sensato emprender una campaña preventiva de la droga explicando cuál es la manera más idónea de manipular las sustancias. Conscientemente o no, se está proporcionando los modelos a seguir para ser anoréxica o bulímica.

En ese contexto, para las jóvenes de nuestro tiempo “ser-anoréxica”, “ser bulímica” pareciera facilitar una búsqueda subjetiva: “¿quien soy?”

Y los modelos en boga responden: no seas anoréxica, no seas bulímica. Yo lo fui, pero lo he superado (¿!!?). Se suele decir que son patologías que ha impuesto la moda, ¿no será, más precisamente, que “están de moda?”.


Elizabeth ("Sissy") emperatriz de Austria (1837-1898), padeció graves síntomas anoréxicos.

Modelos, actrices, famosas de diversa procedencia no se avergüenzan en relatar pormenorizadamente sus sufrimientos: ¿no será que la anorexia y/o la bulimia conceden un cierto “plus” a quienes la padecen?, ¿un glamour especial, como otrora poseía la heroína romántica? ¿Cuáles son los efectos de estos discursos?

Si la anorexia se ha convertido en un modelo a imitar por las propias pacientes, más aún si esas pautas provienen de un personaje que, por sí mismo, se ha transformado en un ideal: Kate Moss (modelo), Calista Flockhart (actriz), Nadia Comamaneci (gimnasta), Victoria de Suecia (princesa), y la lista podría extenderse largamente...

Creemos que la anorexia y/ o la bulimia no debieran de ser un modo de estar en el mundo otorgando a las personas que padecen la patología una entidad especial, un cliché o un cartel para estamparse en la frente como un estigma, una suerte de tatuaje, un elemento esencial de la identidad. No obstante y, desafortunadamente, la patología cumple esa función.

En definitiva, la anorexia y/o la bulimia no son eficaces como “rito de paso” fecundo que permita atravesar el umbral de niña a mujer. En esta suerte de estigmatización simplificadora de estas patologías, sirven efectivamente como coartada, como rito de paso falso de acceso a la feminidad.

Asimismo es altamente significativo el frecuente deslizamiento conceptual que tiene lugar en todo este proceso: una cuestión es la obsesión social alrededor del cuerpo y los regímenes de adelgazamiento y otra muy distinta los síntomas de la anorexia y la bulimia cuya complejidad es mucho mayor.

Desde este punto de vista el enfoque testimonial que los medios de comunicación han hecho de los trastornos alimentarios son muy útiles para promocionar la enfermedad y no para prevenirla.

Esta dinámica la anorexia y la bulimia se han así anexado a los ideales femeninos de la juventud-constante, a este fallido “rito de paso” para acceder a una edad adulta que parece inalcanzable.

Extraído de: L'anorèxia com a símptoma social (Susana Isoletta, 2003).

El bebé no me come

“Comer al otro” es el más primitivo e importante mecanismo del ser humano de identificarse con él.

Tal vez imbuidos por la sociedad de consumo, las dietas y los tratamientos de los trastornos de la conducta alimentaria, la comida aparece en el discurso social y en cierta ideología médico-psiquiátrica como si fuera un objeto entre otros. Objeto útil a la manera de los miles que a diario utilizamos.

Una de las afirmaciones más contundentes que podemos realizar desde la perspectiva psicoanalítica, de la psicología social y desde la antropología es que el alimento es un elemento subjetivo.

La comida introduce al niño en una relación muy particular con su mamá: comer lo que la madre le da implica también aceptar la relación con ella, “meterla dentro de su ser”, parecerse a ella. Es entonces el intermediario entre la madre y el bebé. “El bebé no me come”, suelen quejarse muchas madres. Manifiestan, sin saberlo, que existen aspectos de la relación que fallan y que el bebé sólo puede mostrar su rechazo cerrando la boca. Todos los trastornos vinculados a alimentación debemos considerarlos como parte de esta relación. En la evolución subjetiva este vínculo marcará también su relación con el entorno afectivo.

¿Qué significa esta frase tan corriente como el bebe no-me-come?. ¿Que el bebé no me acepta, me rechaza, no me quiere, no quiere nada de mí.?

Analicemos detenidamente la frase opuesta “el bebé me come”, ¿qué me come?, ¿qué come de mi? la leche en la lactancia, los distintos alimentos, por supuesto. Pero también y lo que es más importante, cuando el “bebé me come”, se identifica con su mamá.

¿Es nuestro bebé un antropófago?, en cierto sentido lo es ya que introduce dentro de su ser una imagen de su madre y “comer al otro” es el más primitivo e importante mecanismo del ser humano de identificarse con él.

No estamos hablando de magia alguna si analizamos esmeradamente los actos rituales religiosos a lo largo de la historia de la humanidad veremos que ese “bebe que me come” ha existido siempre como forma básica de ser-como-el-otro. Sólo basta atender a los dichos populares : “no trago a este tipo” “me la comería” “es un agrio”.También las metáforas poéticas están plagadas de alusiones de este tipo “la dulzura de sus boca”, “la miel de sus ojos”, ”la amargura de su mirada” “Me sabe a hiel”.” Si yo pudiera morder la tierra toda y sentirle el sabor sería más feliz por un momento..”.(Fernando Pessoa)

En la celebración de la misa los feligreses comen el cuerpo y la sangre de J.C. en un acto profundamente ritual, la hostia consagrada representa el cuerpo del hijo de Dios. El acto de comulgar es la manera más perfecta de acerca el alma a las virtudes de Cristo.

A nivel popular solemos usar este término: “no comulgo con este señor”, “no comulgo con sus ideas, o por el contrario “comulgo”, comparto. O quizás más precisamente: en ese tema x “soy como él”. Comulgar es mucho más intenso que compartir. En el comulgar es como si un ser se introdujera dentro del otro.

Extraído de: L'anorèxia com a símptoma social (Susana Isoletta, 2003).

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